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Las manos pueden ser unas buenas aliadas en los encuentros sexuales. Aquí os presento alguna de las maneras de sacarles más partido y hacer que estos encuentros sean "multidimensionales". Unas manos hábiles pueden complementar un pene pequeño, una falta de erección o dolores durante la penetración.
Uno sentado frente al otro
Él tiene que estar sentado en la cama con la espalda recostada en el cabezal o en la pared con las piernas estiradas y abiertas.
Ella tiene que estar sentada en su abdomen a la altura del ombligo, sin cargar todo el peso sobre él, de forma que el pene quede delante de la vulva, él mientras puede sujetar la cadera de ella.
Hay que ponerse lubricante en las manos y en la zona genital de los dos, ella masajea el pene de arriba abajo con ambas manos frotando el pene sobre su vulva, los labios mayores y el clítoris. Esto supone un doble masaje a la vez. La variante es que él pueda seguir dando ese masaje en la vulva con su mano y ella seguir masajeando su pene con ambas manos y cuando esté muy cerca de orgasmo ella se introduce el pene para un gran orgasmo.
Masaje con manos y cuerpo
En esta técnica es la mujer la que esta mas activa. Se pone mucho lubricante en todo el pene especialmente en el glande. Él tiene que estar sentado frente a ella. Ella tomar el pene con su mano, colocarlo sobre su ombligo y deslizarlo por la línea central que va desde su ombligo al pecho con movimientos hacia arriba y hacia abajo. Literalmente se hace que el pene y los testículos viajen deslizándose por el cuerpo de ella. Esta técnica es muy excitante para ambos.
Posición del 77
La postura que en esta técnica se toma es la de "la cuchara" lo "77" lo más encorvados posible. Él se tiene que situar detrás de ella y penetrarle, ella levanta la pierna de arriba y el pasa su mano muy lubricada por debajo de sus nalgas para masajear su vulva al ritmo de las penetraciones.
Cuatro puntos de apoyo
Ella pude estar sobre la cama u otra superficie a "cuatro patas" o posición "perrito", él debe situarse fuera de la cama de pie con su cadera a la misma altura de la de ella, penetrándola o antes de penetrar. El da masaje en la zona del sacro con un aceite o lubricante para enviar señales y estimular la zona genital. Se empieza masajeando con los pulgares en los isquiones (hueso al final de cada lado de las nalgas sobre los que nos sentamos) haciendo movimientos circulares hasta juntar los dedos en el coxis y continuar por la espalda subiendo y bajando. Este masaje además de relajar sensibiliza y envía sangre a la zona pélvica de ella.
Con estas técnicas puedes conseguir que las manos se conviertan en un órgano sexual excelente, no me creas, ¡pruébalo!.