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La fantasía del poder en la cama

Lo sabíamos, llevamos una vida amando, sin embargo, hace pocas generaciones que los amantes nos atrevemos a decir que el deseo nos puede dar lo que le toca: complicidad, juegos, sensualidad, seducción, límites, intuición, instinto, empatía… y que es el cuerpo el que mejor sabe culminar este camino. Sabemos también que el amor nos dará aquello que le corresponde: generosidad, búsqueda del bien común, entrega, correspondencia, reconocimiento, respeto, simpatía, abandono… Ambos vínculos (deseo y amor) pueden ser suma, lo que permite que en el éxtasis pueda experimentarse una particular trascendencia que, atravesando el cuerpo, nos mueva los hilos más sutiles que nos enlazan con la vida. 

Sin embargo, los amantes hemos aprendido a negar un tercer elemento que está desde el primer momento, que nos atraviesa, que modifica nuestra forma de manifestar y satisfacer nuestros deseos, que lleva al amor a la vida cotidiana. Se trata del poder. La historia de Occidente ha situado el poder en un trono, es la boca de un volcán que emana órdenes, impone y hace tremolar el suelo de quienes viven a sus pies. Nos hemos convencido de que existe un solo modelo de poder, el vertical, coercitivo y basado en privilegios, hasta tal punto que cuando los amantes han decidido hacer visible su existencia sólo se han atrevido a jugar a la dominación/ sumisión, al hoy mando yo y mañana tú experimentando los límites del dolor sin hacernos daño. Y este juego tan subyugante, tan relacionado con la mística de las religiones monoteístas, se hizo un sitio en los juegos amatorios y sexuales como si fuera el único posible. 

Los amantes nos quedamos ahí, situamos el poder en ese límite de nuestro jardín y nos creímos que aquel era el rincón de la osadía y la rebeldía, donde reside el vértigo de lo prohibido, y de ese error no hemos salido. 

Es hora de asumir que conocemos otras formas de llevar a cabo nuestro poder, aquel que nos acompaña desde la cuna, que nos permite vincularnos con los otros para llevar a buen fin nuestra subsistencia y que entre esos “otros” están, por supuesto, nuestros amantes. Se trata de reconocer que el poder es ese tercer vínculo que ya manejamos los amantes y que tiene otras dimensiones que nos permiten mantener relaciones de muy diverso tipo: libres, consensuadas, negociadas, violentas… determinadas por asuntos como el dinero, la clase social, la raza, la ideología, los valores… Y que todos estos factores, cuando se va el deseo o se deshace el amor, afloran de manera cruda de ahí que en las despedidas, en las rupturas, aflore lo que no quisimos reconocer. ¿Cuántas historias de amor terminan en un combate entre ex amantes? 

He escrito un libro sobre este tema, se titula “Te puedo. La fantasía del poder en la cama” y en él desentraño qué lugar ocupa el poder en los besos, el koño, el pene, lo queer, la vida, el nosotros, el compartir… En él encontrarás 28 palabras, una por cada letra del abecedario, un partícula glosario del poder, y varias propuestas innovadoras. El único deseo que tuve a la hora de escribirlo fue que los amantes saliéramos del armario con alegría.

Firmado por Martha Zein

Narradora. Coach narrativa. Experta en estrategias narrativas.

Movíl: 669 75 96 88

Web: www.marthazein.com

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