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Muchas veces se entiende la seducción como una capacidad que sólo poseen algunas personas; personas con mucha “labia”, con mucho desparpajo, con capacidad para convencer, atractivo físico, etc. Nada más lejos de la realidad, la seducción, como otras muchas capacidades, se puede aprender.
Lo primero que debemos tener en cuenta es el autoconocimiento: nuestra capacidad para identificar nuestras fortalezas y nuestras debilidades en torno al mundo de la seducción. Es decir, qué hacemos mal y que hacemos bien a la hora de seducir. Tenemos que ser conscientes también del contexto, muchas veces nos podemos equivocar a la hora de identificar señales, tenemos que aprender a observar.
La seducción no pertenece sólo al contexto de las relaciones amorosas o de pareja. La seducción se pone en marcha siempre que algo o alguien nos interesa. Es decir, es un motor (una motivación intrínseca), para conseguir algo o a alguien que nos interesa. También puede ser entendido como un proceso de márquetin (nosotros nos convertimos en el producto). Es decir, seducir es, como decía Unamuno, convencer (“Para convencer hay que seducir”).
Por lo tanto, la seducción está presente de una u otra manera en nuestra vida cotidiana: una entrevista de trabajo, un acto social, una reunión de amigos, etc. Como vemos, la seducción es una actitud natural en nosotros, se pone en marcha en cualquier momento y lugar siempre que el “objeto de deseo” esté presente. ¿Qué falla entonces? El miedo. Este es nuestro talón de Aquiles, como en tantas otras cosas. Como le decía D. Quijote a Sancho: “El miedo amigo Sancho, hace que ni veas ni entiendas a derechas”. Es el miedo al rechazo el que nos paraliza y hace que inhibamos y bloqueemos nuestra capacidad de seducir.
Para muchas personas el aprendizaje de técnicas de seducción convierte el proceso en algo artificial, le quita espontaneidad, naturalidad. Como todo aprendizaje, el aprendizaje de la seducción necesita un entrenamiento para depurarlo. Dicho eso, quién no se ha puesto sus mejores galas, su mejor perfume, etc., ante una primera cita. Es decir, todos disimulamos, intentamos “vender” lo mejor de nosotros mismos, etc. ¿es eso artificial o antinatural?
En resumen, en la seducción hay algo (o mucho) de arte. Un arte que para ser eficaz necesita que pongamos en marcha nuestras mejores cualidades, nuestra capacidad de escucha, nuestra capacidad de observación, nuestra habilidad para adaptarnos a la persona (que tenemos en frente), y al contexto (dónde estamos). Todo ello nos permitirá conocer a la otra persona: cómo es, qué necesita, cuáles son sus puntos débiles y sus fortalezas, … esto nos permitirá elegir las mejores “armas” para tener éxito en el “juego” de la seducción.
Firmado por Manuel J. Domínguez Busto
mjdbusto@cop.es
Móvil: 629 994 641
Psicólogo General Sanitario. B-00932.
Máster en Psicología Clínica y de la Salud.
Máster en Psicopatología, Intervención Clínica y Salud.
Máster en Intervención en Calidad de Vida de las Personas Mayores.
Especialista Universitario en Neuropsicología.
Especialista Universitario en Hipnosis Clínica.