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El contenido de esta serie de artículos sobre la seducción toma como base los conceptos de género/sexo, femenino/masculino tal como culturalmente los conocemos mayoritariamente. El motivo no es otro que el mayor conocimiento científico que de ellos se tiene, sin olvidar que en estos temas existen otras sensibilidades (homosexuales, bisexuales, transexuales, etc.), en las que la seducción puede tener características propias dignas de ulteriores estudios.
La respuesta a esta pregunta tiene que ser: NO. La mujer y el hombre son seres diferentes en muchos aspectos e iguales en otros. Por lo tanto, el cerebro masculino y el femenino tienen algunas diferencias que como no puede ser de otra manera, afectan a la seducción como a cualquier otro ámbito de la vida.
A raíz de las diferencias que marca la evolución: Los unos cazadores y las otras cuidadoras (entendido todo esto en términos generales), cuando quieres poner en marcha estrategias para seducir, tienes que tener en cuenta que ellas escuchan mientras ellos miran. Atendiendo diferencialmente a estos canales, podrás mejorar su atención y por tanto optimizar la seducción. La ciencia hace tiempo que conoce algunas de esas diferencias: Los cerebros masculinos están más “especializados”, mientras que los femeninos están más “integrados”.
Llevado esto a la práctica, podemos decir que la mujer puede hacer más de dos cosas a la vez, mientras que el hombre tiene mayor capacidad de concentración. Insisto en tomar esto como una descripción muy general. Si vamos al detalle, vemos que esto no es así al 100%, algo que no haremos ya que no es objeto de este texto.
Siguiendo con nuestro tema, las mujeres son mejores que los hombres en el procesamiento de las emociones y del lenguaje no verbal y verbal. La memoria en la mujer está más desarrollada, sobre todo, si tiene componente emocional. Cuando se enfrentan a un problema (las mujeres), focalizan mucho el proceso de resolución.
En cuanto a los hombres, son más habilidosos en la comprensión del espacio, los mapas, la orientación. Cuando los hombres enfrentan un problema, su meta es el resultado más que el proceso.
Con este esquema general, se enfrentan hombres y mujeres al ejercicio de la seducción.
En el hombre, la seducción parte de un deseo, a veces, irrefrenable. La “caza” se convierte en una meta incluso aunque no haya garantía de éxito. Si no hay deseo, atracción, el hombre se desentiende de la “presa”.
La mujer, igual que el hombre, tiene deseos sexuales y amorosos, por tanto, interés en seducir; pero al contrario que el hombre, sí que tiene interés en seducir por el hecho de seducir: el juego de la coquetería. Generalmente, este juego es más potente que el deseo sexual.
Mientras que el hombre presume de las mujeres que se ha llevado a la cama, la mujer presume de los hombres a los que ha seducido, ¡incluso sin relación sexual!
Para la mujer, la seducción puede ser un fin en sí mismo, para el hombre, es un medio. Sabiendo todo esto, estamos más cerca de la maestría en el arte de seducir, pero… señores, recuerden que las señoras, nos llevan ventaja.
Firmado por Manuel J. Domínguez Busto
mjdbusto@cop.es
Móvil: 629 994 641
Psicólogo General Sanitario. B-00932.
Máster en Psicología Clínica y de la Salud.
Máster en Psicopatología, Intervención Clínica y Salud.
Máster en Intervención en Calidad de Vida de las Personas Mayores.
Especialista Universitario en Neuropsicología.
Especialista Universitario en Hipnosis Clínica.