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Ya hace unos años que asistí a una reunión que se convirtió en la más especial.
Me llamaron para organizar una reunión tuppersex. Estaba algo nerviosa porque me advirtieron que en esta ocasión el público sería muy especial: un grupo de chicos y chicas de veintipocos años con diferentes niveles de discapacidad física.
Mi trabajo es comunicar y no podía evitar sentirme inquieta. Empecé la reunión ilusionada por las caras de expectación de los ocho chicos y chicas, todos en silla de ruedas y de sus monitores.
Entre los chicos y sus monitores, todos ellos voluntarios de su misma edad, que colaboran con una organización dirigida sobre todo al ocio de las personas con discapacidades, hay una gran complicidad.
Por otro lado seguía nerviosa porque tenía dificultades para entenderles, y todos me hacían preguntas. Sin embargo, pronto me relajé, sus miradas curiosas y la pasión por la vida que expresaban, funcionaron como el mejor calmante.
De pronto, todos tuvimos una revelación: los aceites afrodisíacos, las cremas para masajes y el resto de productos nos transportaron al corazón de las reunión y nos envolvieron con sus fragancias y tacto sensual.
Habíamos encontrado un lenguaje común, el de los sentidos: el tacto para comunicar sensaciones; la vista, que me sirvió para ver como sus caras se iluminaban ante los cosméticos; el olfato para apreciar los aromas de cremas, polvos y bálsamos y transportarnos a un mundo propio de complicidad; el gusto, para dejarse llevar; la intuición para comprendernos unos a otros sin palabras y sentirnos como un grupo de amigos que lo estaba pasando genial.
La reunión siguió entre risas y bromas y gritos de alegría y sorpresa con los que me hacían saber que les gustaba lo que estaban viendo y sintiendo. Las caras expresivas, las frases entusiasmo y los gritos que daban eran increíbles.
Había dos parejas en la reunión: una entre los monitores y otra entre los chicos. Los dos monitores fueron objeto de muchas bromas por parte de todos. La otra pareja Susi y Toni, afectados de parálisis cerebral, también recibieron su buena ración de bromas. Nunca había percibido tanto entusiasmo con tan pocos movimientos y palabras.
Hasta ese momento, no había oído hablar de la parálisis cerebral. Se trata de un grupo de trastornos, producidos por una lesión cerebral, que provocan la pérdida de movimiento.
La zona del cerebro afectada suele ser la que controla los músculos y los movimientos del cuerpo. Cada caso es diferente: algunos afectados tienen movimiento en las manos y brazos, otros no; hay chicos y chicas que pueden andar aunque con cierta torpeza; a otros la lesión cerebral les impide mover los músculos de la boca y la lengua.
Y un problema añadido, como muchos tienen dificultades para hablar, la gente se dirige a sus acompañantes para preguntarles, sin darse cuenta de que ellos entienden todo perfectamente.
Me impresionó pensar en esto: una inteligencia normal encerrada en un cuerpo al que le cuesta realizar cualquier movimiento.
A medida que iba ejecutando mi ritual fui sintiéndome cada vez más relajada. Fueron surgiendo vibradores: patitos y gusanitos para el baño, vibradores mini. Niños, que apenas puede hablar, cuando le preguntaba si se lo estaba pasando bien o si le gustaba un cosmético erótico, pestañaba dos veces. Es su código para asentir.
Ya en confianza, Juan me comentó que la reunión tuppersex no era la primera actividad de este tipo que organizaban. En Navidad celebraron una Nochevieja alternativa para la que contrataron a una stripper y a un boy.
Cada dos fines de semana organizan una actividad especial: una relajante visita un Spa, una salida al cine, una excursión... además de los talleres que realizan habitualmente en su local.
Nuestro tuppersex llegaba a su fin. Ante un juguete, Ramón comentó a su monitor, el novio de otra monitora "me parece que tu novia te va a dejar por este vibrador’" Risas y complicidad.
Tanto los monitores como los chicos compraron aceites para masajes, plumas y algún anillo vibrador. Con cariño, infinita ternura y mucha picardía, Toni le regaló a su novia, Susi, un tanguita con forma de mariposa.